La escandalosa Chachalaca

Algunos estudiosos de la fauna mexicana consideran que la situación de la chachalaca -ortalis vetula y ortalis poliocephala - no es tan crítica como la de otras especies, como el faisán, cojolite o el venado; sin embargo la gente que acostumbra adentrarse en los campos yucatecos afirma que su presencia es cada vez menos frecuente. Debido a la cacería constante y la destrucción de su habitat, esta simpática ave, considerada la más "escandalosa" de todas, ya no es escuchada como antes.
Se le puede encontrar en todas las zonas tropicales y mesetas templadas, incluyendo regiones como la Península de Yucatán, en donde tuvo por mucho tiempo un medio ambiente apropiado. En Chiapas existe otra varieda de chachalaca considerada por los taxónomos como representante de una tercera especia: a ortalis leucogastra, que habita hasta el sur de Guatemala. Sin embargo, las relaciones de las aves del sureste de Chiapas con las de otras partes de México, incluido Yucatán, no han sido investigados a fondo.
Se alimentan de frutos, de palma, frutas y ramas. Hasta hace algún tiempo era un importante ave de caza, sus perseguidores las acosaban "siguiendo el ruido" y cazándolas después al acecho.
Antes era posible hallar chachalacas incluso en la orilla del monte, cuando en grupos de cinco o seis parejas recibían a los visitantes con alboroto sin igual, pero ahora es necesario adentrarse varios kilómetros en lo más espeso del monte para disntinguir unas cuantas. Eso, si corre con suerte.

El chivizcoyo, una codorniz cantora
Poco conocido debido a su naturaleza tímida y escurridiza, el chivizcoyo, Dactylortyx thoracicus, chibilub o codorniz dedilarga es quizá la variedad de ave menos conocida en la Península de Yucatán, por lo restringido del medio en que se encuentra.
Su presencia en el país está limitada a una pequeña parte de los estados de Guerrero, Tamaulipas, Veracruz, partes altas de Chiapas y las tierras bajas del bosque tropical de la península yucateca, en donde los ejemplares son un poco más pequeños que los del resto del país.
Aunque el mejor hábitat para el chivizcoyo son los bosques húmedos y frescos que no hayan sido pastoreados o quemados (lo cual se debe a su preferencia por alimentarse con el humus), se ha adaptado bien a la selva baja de Yucatán. Empero, en ambos casos el hecho de que el hombre claree los montes para sembrar sus milpas, dedicarlas al pastoreo o con el simple motivo comercial de vender la madera, propicia que el ya de por si reducido hábitat del chibilub se vuelva prácticamente inexistente.
De acuerdo con Pronatura Península de Yucatán, A.C., quizás su naturaleza tímida y escurridiza la convierta en una de las variedades más interesantes de codornices, ya que se ha adaptado a medio ambientes tan diferentes como los altos bosques nublados y los bosques de encino, y las tierras bajas de Yucatán, con vegetación arbustiva desarrollada como resultado de las cortas quemas y de la selva tropical original.
Cuando el chivizcoyo se topa con un ser extraño emprende furtiva carrera y, si realmente se siente perseguida, un vuelo rápido y corto, como la mayor parte de las codornices, para esconderse entre la vegetación baja.

El Guacamayo
El guacamayo, ave de hermoso, codiciado plumaje, en el que predominan los colores rojo y verde, despierta la admiración de quienes lo contemplan tanto en su medio natural como en refugios y zoológicos. El guacamayo rojo (Ara macao) y el guacamayo verde (ara militaris) acicalan constantemente sus plumas de vivos colores con sus gruesos picos, que les sirven para buscar insectos en los viejos troncos de los árboles.
Estos bellos animales, que se pasan la mayor parte del día asoléandose y comiendo, pertenecen a la familia de los psitácidos. En México hay 18 especies de guacamayos que comprenden a los más grandes y coloridos integrantes de la familia de los loros.
Su hábitat en la América tropical abarca desde el sur de México hasta Paraguay. Algunas de sus características físicas sobresalientes son, además de la vistosidaad de su plumaje, el enorme pico largo y curvado que tiene en la mandíbula superior y sus redondos ojos negros, circundados de piel desnuda.
La cacería de estas aves, así como de otras igualmente vistosas, era temporal y con el pleno conocimiento de las épocas indicadas para ello. No se cazaba por cazar y de esta manera los guacamayos tenián garantizada su existencia y convivencia con los seres humanos.